miércoles, 17 de febrero de 2010

La verdadera historia de los Kirchner


Por qué a Néstor Kirchner y Cristina Fernández les importa tanto presentarse como víctimas de la dictadura? Porque es la imagen con la que más cómodos se sienten frente a la militancia del Frente para la Victoria y las organizaciones humanitarias a las que a veces utilizan para evitar críticas de la centroizquierda argentina. ¿Por qué los afectó tanto la información que confirmó la compra de dos millones de dólares por parte del ex presidente de la Nación? Porque rompió, de un día para el otro, la imagen romántica de una pareja de militantes comprometidos que vive para la política y no de la política.

¿Fueron Néstor y Cristina una pareja que luchó de manera constante e intensa contra la dictadura militar? En las dos largas conversaciones que mantuvimos para El Dueño , Rafael Flores, una de las personas que más y mejor conoció al ex presidente, aseguró que Kirchner no había sido un héroe. "Más bien fue uno del montón", precisó.

Kirchner y Flores militaron juntos en la facultad de Derecho de La Plata, en la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN). Entonces, la FURN peleaba contra la dictadura del general Juan Carlos Onganía y se consideraba el semillero estudiantil de la Juventud Peronista (JP).

Flores confirmó que Kirchner formó parte de la columna que el 17 de noviembre de 1972 acompañó el primer regreso del general Juan Domingo Perón. Corroboró que también estuvo presente el 20 de junio de 1973 en la trágica matanza de Ezeiza. Y afirmó que además concurrió a la Plaza de Mayo el día en que el presidente Perón reprendió a los montoneros con aquel "imberbes, esos estúpidos que gritan". Flores negó que Néstor haya formado parte de la organización Montoneros, ni de su comando político ni de su brazo armado. Y aclaró: "Cuando Montoneros pasó a la clandestinidad, Néstor ya se había ido de la FURN. Sin embargo, contaba historias de enfrentamientos como si él hubiera sido el protagonista".

Presos bien tratados

Flores y Kirchner estuvieron presos juntos, un par de días, en marzo de 1977, y ambos fueron tratados con manos de seda. "Hasta me da vergüenza contarlo, porque no tuvo ni punto de comparación con lo que sufrieron nuestras compañeras y nuestros compañeros", me confesó Flores.

El está indignado con el matrimonio presidencial porque asegura que hacen marketing con su supuesto sufrimiento durante la dictadura. "Mientras muchos abogados nos dedicábamos a defender gratis a los presos políticos, Néstor se dedicaba a defender represores y a perseguir a deudores hipotecarios", explicó.

En 1981, cuando era fiscal de Estado de la provincia de Santa Cruz, Flores pidió veinte años de prisión para González Rouco, segundo jefe de la Policía Federal. González Rouco había abusado y violado a numerosas víctimas. Fue defendido por los doctores Néstor Kirchner, Cristina Fernández y su socio Domingo Ortiz de Zárate. Ellos argumentaron que no podía considerarse violación forzar a una mujer a practicar sexo oral. Al final fue condenado a 18 años.

"Platita"

A Flores, el argumento de sus contrincantes no le gustó nada. Pero menos le gustó la demanda que los socios le iniciaron a una humilde mujer para quedarse con su propiedad. Fue durante 1982. Cuando la presentaron, los Kirchner eran apoderados de la consultora Finsud. Su especialidad eran "las cobranzas extrajudiciales". Era la época de la circular 1050 del entonces superministro José Alfredo Martínez de Hoz. Las tasas de interés para créditos hipotecarios se hicieron impagables. En ese contexto de desesperación, Néstor y Cristina se habrían guardado los pagarés de la mujer, en vez de romperlos después de cobrar.

Rafael Flores defendió a la señora

Y los argumentos que utilizó para atacar a los demandantes fueron demoledores. Flores comparó a Kirchner con Shylock, el Mercader de Venecia. El juez le dio la razón, pero lo reprendió por asociar a su adversario con uno de los personajes más avaros y miserables de la historia de la humanidad.

Ese día, al encontrarse a la salida del juzgado con Cristina Fernández, Flores le pidió disculpas por los fundamentos de su presentación, pero después le preguntó:

-¿Por qué hacen esto? ¿Con qué necesidad? Y jura Flores que ella le respondió:

-Queremos hacer política. Para hacer política en serio se necesita "platita".

Esta misma semana, consultado para esta nota, Rafael Flores dijo no saber si Néstor y Cristina estuvieron presos durante 1975, como reveló la Presidenta en la entrevista que concedió al ex ministro Daniel Filmus. "Solo me parece raro que no me lo hayan comentado. Yo defendía a presos políticos y decenas de veces hablamos de las detenciones de otros compañeros".

El límite es la corrupción

En la política en general y en el peronismo en particular, hay una regla no escrita pero aceptada por la mayoría de sus integrantes. Una regla que justifica "la recaudación de la plata para la política". Cuando el dinero va a la organización política, casi nadie pregunta de dónde salió. Esto vale también para la mayoría de las organizaciones sociales. Se trata de financiar "el proyecto". De aceitar la maquinaria para organizar actos o ganar las elecciones. Lo que no se justifica, ni en el peronismo ni en ningún otro partido, es que los fondos de la política vayan a parar el bolsillo del supuesto militante.

Me lo explicó con toda crudeza un ex aliado de Kirchner, Sergio Acevedo, ex jefe de la SIDE, ex gobernador de Santa Cruz, en julio de 2008, en un café de Coronel Díaz y Paraguay:

-Cuando empezó, el kirchnerismo era un proyecto político que necesitaba dinero para concretar su sueño. Ahora se parece más a una excusa política para que algunos kirchneristas tengan como justificar la acumulación personal de dinero.

En estos días tan raros, los intelectuales k, pero también las organizaciones sociales y de derechos humanos que hasta hace poco apoyaban el proyecto sin reservas, discuten puertas adentro cuál es el límite de la adhesión al proyecto. "El límite es la corrupción", sentenció hace más de un año el adelantado Miguel Bonasso, y se fue a buscar otro espacio político.

* Por Luis Majul (para La Nación)

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